lunes, 2 de noviembre de 2009

Un episodio de la Aradas Escrituras

En plena semana de recordación, entre ambas fechas, idénticas y al mismo tiempo distintas, lunar hebrea y solar occidental, en que Rabin fue asesinado,
será detenido por la policía el religioso Yaakov “Jack” Teitel, un justiciero norteamericano y colono judío en la margen occidental del Jordán, acusado de asesinar a dos palestinos, herir de gravedad mediante un paquete-bomba a un hijo de la familia Ortiz, integrantes de la secta de los judíos mesiánico, asentados en la ciudad de facto Ariel (margen occidental del Jordán), planear el asesinato de un profesor universitario izquierdista y atacar a policías en el transcurso de marchas del orgullo gay. El vengador de Shvut Rajel, un asentamiento ilegal-ilegal (están los ilegales tolerados, los ilegales legales, y los del todo ilegales, también tolerados, o útiles como moneda de cambio), tendrá un arsenal en el patio su casa de piedras, y vendrá llevando a cabo su plan contra los enemigos de Israel desde 1997, cuando habrá de asesinar a un taxista y a un pastor de ovejas palestino. Nadie sabrá nada acerca de las cosas que hacía cuando no estaba en casa, ni que serán esos fierros que junta en el patio, o no los verán, a pesar de que se tratará de formas se que vienen incrustadas en las neuronas de cada israelí desde el acto de concepción. Nadie en su familia, o vecindad, o comunidad, o instituciones políticas o religiosas, municipales, regionales, verá ni sabrá nada. Tampoco los servicios de seguridad, el Shabaj, que se alimenta de la detención de palestinos sospechosos de terrorismo, su investigación, su apriete, su retorcimiento, su “sacamiento” de confesiones, no sabrán nada. Hasta que entre las víctimas de los complots de este Jack, reales o potenciales, comiencen a aparecer personas judías. Lo arrestarán, entonces,  en Jerusalén, en donde estará pegando afiches de dos variedades: uno,  de alabanza al religioso que en agosto último perpetró una masacre en un bar gay de Tel-Aviv, y otro, desde el cual se ofrece una recompensa de 1.000.000 de shékels a quien asesinase a un miembro del movimiento Paz Ya. “Lobo solitario”, “No somos nosotros, es él”, “Expresión aislada“, “Movimiento Judío Clandestino de Uno Sólo“, son algunos de los titulares que adornarán la prensa prescrita. “Cómo puede un judío educado en el no matarás haber albergado pensamientos tan perversos”, se preguntará el Gran Rabino de Israel, rabino Meltzer.  Baruj Goldstein, el rabino Meír Cahana, y más tarde sus hijos, ya murieron. Habrá que consultar al rabino Baruj Marcel. a Daniela Weiss, a Gueulah Cohen, a Avigdor Líberman, ellos, y muchos otros, están entre nosotros.

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