I
El traidor, que avanza en el montaje de su espectáculo para distraer con movimientos en escena y pasos sorprendentes, tanto a las bases populares que los sustentan a la manera de un colchón de clavos, como a los poderosos del teatro del mundo (autores, actores, críticos), es interpelado por uno de sus jefes, el moldavo Canciller de Israel (le dicen "ambidiestro", porque sus dos manos son derechas): enrostra Líberman a su empleado (jefe de Al-Fataj, presidente ilegítimo de un ente inexistente, la Autoridad Palestina, sostenido en su puesto-fantasía por el Estado de Israel --La Cosa Sin Nombre, dice Lev Luis Grinberg--, los Estados Unidos, Europa y los Países Arabes Moderados, pero, principalmente, los dos primeros) que está jugando a dos puntas. "Le pedís ayuda a Israel para destruir al Hamas y al mismo tiempo buscás apoyo internacional para declarar el Estado Palestino en forma unilateral"
II
El traidor, al cual su huída hacia adelante le otorgó un vértigo que se manifiesta en improvisación, golpes sobre las bandas del tablero, mareo y vértigo otra vez, armó lío en Jerusalén, encendió fuego en el siempre caliente ladrillo "El Aksa está en peligro", para que los palestinos corriesen a defender los lugares sagrados; amenazó con renunciar, presentó un pedido a las Naciones Unidas para que el informe Goldston fuese considerado (primero había retirado la denuncia, siguiendo las instrucciones de Obama e Israel), y ahora lanzó el globo de una próxima declaración de independencia del Estado Palestino en forma unilateral, según los límites "anteriores a la guerra de 1967, en Cisjordania, Jerusalén Oriental y la franja de Gaza". Netaniahu le amenaza con cancelar los Acuerdos de Oslo, pero eso no espanta al traidor: la tierra arrasada en Gaza es su única pesadilla. Sabe que puede terminar mal, porque lo arrojen con fuerza a la cama de clavos de la base, o el estado patrón le convide con el mismo faláfel en pita conque se despachó a Arafat, encerrado en la Mukata, en constante demolición, en aquellas jornadas de 2004, por las balas de los tanques Merkavá.
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