Histeria por la decisión de Netaniahu de congelar por diez meses la construcción de viviendas en los territorios ocupados. A su vez, todo el mundo sabe que esto es una mentira, que en el terreno los colonos siguen construyendo, pero se rebelan contra la mera formulación de la idea: nadie puede quitarnos ese derecho, estamos bajo la garra de un horrible gobierno norteamericano, Obama es antisemita, odia a los judíos, odia a Israel, nos odian, nos odian. Ministros, parlamentarios, dirigentes partidarios, intendentes, autoridades religiosas, soldados. Amenazan con rebelarse, desconocer órdenes, no atenerse los soldados religiosos a la obediencia debida: sin conflicto, suscribirían pancartas cuyas proclamas, cómo no, aprobaría Hugo Chávez: "muera el imperialismo yanqui, abajo sus lacayos, el gobierno de Israel". Pero, también, claro, que viva la expansión de nuestras colonias, viva el Gran Israel, viva Jerusalén, capital eterna e indivisible de Israel. Y una web de ultrafachos argentinos radicados en Israel, agregaría: Palestina no existe.
Lo que no existe, de veras, es substancia en esta seudo épica. En el centro de estas construcciones bláblicas hay vacío. En el impulso de expansión de las colonias judías en territorio palestino no hay heroísmo, no hay reivindicaciòn històrica, ni amor a la tierra, ni pasión judía. Salvo codicia, no hay nada de nada.
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