martes, 24 de noviembre de 2009

Endodoncia

Nadie quiere venir a trabajar a Arad, mucho menos los profesionales.
El dentista me dice esto, a cuento de mi pregunta, por qué el endodocista no puede atenderme una vez por semana y en cambio viene semana por medio. Porque nadie quiere venir a trabajar a Arad, se van de aquí para emplearse en otros lados, pero venir, no vienen, Estamos tratando de que vengan, pero es difícil. Entiendo, digo, y me dejo pegar el puente provisorio que, una hora más tarde, se me va a caer, como siempre. No logré que me construyan uno nuevo, justamente porque el endodontista viene cada dos semanas, y la preparación del terreno para el definitivo se atrasa. No quiero que esto se entienda como metáfora de la situación del país, por más que cada movimiento articular en esta parcela que habito junto a otros veinticincomil tiene connotación, o al menos su sospecha, de expresión política. Aún así, el dentista preguntó a Simona qué decían los diarios. Todo bien, el primer ministro habló muy bien. Qué dijo Netaniahu. Que va a construir en Jerusalén todo lo que quiera. ¿Y del Guilad Shelit, qué se comenta? Parece que lo liberan, pero el Hamas exige la libertad de asesinos con sangre en la mano. Netaniahu dice que todavía no hay ningún acuerdo, ni decisión, ni operativo. Se lo sabe de memoria, Simona. A mí me pide que no abra la boca por quince minutos. Al pedo, el puente se va a despegar.

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