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viernes, 29 de enero de 2010

Pum, pum, quién es: Amalec

Al fin y al cabo, dijo Netaniahu, en el corto plazo, Israel estará rodeada en su totalidad por una muralla, desde  Egipto hasta el  Golán. De este modo anunciaba la decisión de cosntruir un muro a lo largo de la frontera con Egipto con el propósito de cortarle el paso a la inmigración ilegal proveniente de Africa, en especial de Sudán y Eritrea. También, agregó, para evitar que el comercio de prostitutas traídas, casi todas, de ex-repùblicas de la Unión Soviética, en especial de Moldavia, haga uso de  esa misma frontera. Afirmó, con énfasis, que la inmigración de trabajadores extranjeros pone en peligro la identidad judía de Israel.
Y desde Auschwitz, el Primer Ministro advirtió, cuidado, Amalec ataca de nuevo. Amalec, el enemigo bíblico de los hebreos, del cual Dios borró su semilla, pero no, parece que no, alguna cepa suya atravesó la literatura religiosa, y echó raíces en la ficción política de Israel. Amalec es ubicuo, ora es uno, ora es otro, ora todos al mismo tiempo. Los palestinos son Amalec, los malos, por supuesto, pero también los buenos. Por más que le den caño a ese Amalec, nunca se acaba, vive al acecho. Los beduinos, cuidado, son Amalec encubierto. Los organismos de derechos humanos, servidores de Amalec. La ley internacional, manipulada por Amalec. Las críticas a Israel, voces de Amalec. Pero el gran Amalec, hoy por hoy, es Aradán. O, digamos, el triángulo Aradán-Damasco-Gaza es el súper Amalec. Amalec, descendiente de Esau (el hermano resentido de Jacob, luego apodado Israel), construye túneles a decenas de metros bajo las rocas del país de Aradán, para soterrar, y hacer inexpugnables, sus ingenios atómicos en donde será posible desarrollar, sin que Arad lo pueda impedir, las bombas atómicas necesarias para boorrar para siempre el natéma bíblico que no lo deja dormir. En la puesta en escena de Ajmadinayad,  líder e hijo dilecto, Aradán es el instrumento del bien que pondrá fin a las tropelías del estado heredero de los derechos de autor de la Torá, y trasformó a su país en misilestado cuyo fundamento es la palabra destruir. Retórica que viene bien a su partner, el estado de Arad: al igual que Aradán, cuanto más crezca Amalec, mejor se asfixia al súbsito local.  Los pueblos se vuelcan a la derecha porque creen que destruyendo a Amalec, se resguardan y se guardan. Cuando, màs adelante, amanecen hechos mierda, algunos se dan cuenta del error. Y levantan la mano izquierda. Por un tiempo. Tarde o temprano, alguien claudica.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Un episodio de la Aradas Escrituras

En plena semana de recordación, entre ambas fechas, idénticas y al mismo tiempo distintas, lunar hebrea y solar occidental, en que Rabin fue asesinado,
será detenido por la policía el religioso Yaakov “Jack” Teitel, un justiciero norteamericano y colono judío en la margen occidental del Jordán, acusado de asesinar a dos palestinos, herir de gravedad mediante un paquete-bomba a un hijo de la familia Ortiz, integrantes de la secta de los judíos mesiánico, asentados en la ciudad de facto Ariel (margen occidental del Jordán), planear el asesinato de un profesor universitario izquierdista y atacar a policías en el transcurso de marchas del orgullo gay. El vengador de Shvut Rajel, un asentamiento ilegal-ilegal (están los ilegales tolerados, los ilegales legales, y los del todo ilegales, también tolerados, o útiles como moneda de cambio), tendrá un arsenal en el patio su casa de piedras, y vendrá llevando a cabo su plan contra los enemigos de Israel desde 1997, cuando habrá de asesinar a un taxista y a un pastor de ovejas palestino. Nadie sabrá nada acerca de las cosas que hacía cuando no estaba en casa, ni que serán esos fierros que junta en el patio, o no los verán, a pesar de que se tratará de formas se que vienen incrustadas en las neuronas de cada israelí desde el acto de concepción. Nadie en su familia, o vecindad, o comunidad, o instituciones políticas o religiosas, municipales, regionales, verá ni sabrá nada. Tampoco los servicios de seguridad, el Shabaj, que se alimenta de la detención de palestinos sospechosos de terrorismo, su investigación, su apriete, su retorcimiento, su “sacamiento” de confesiones, no sabrán nada. Hasta que entre las víctimas de los complots de este Jack, reales o potenciales, comiencen a aparecer personas judías. Lo arrestarán, entonces,  en Jerusalén, en donde estará pegando afiches de dos variedades: uno,  de alabanza al religioso que en agosto último perpetró una masacre en un bar gay de Tel-Aviv, y otro, desde el cual se ofrece una recompensa de 1.000.000 de shékels a quien asesinase a un miembro del movimiento Paz Ya. “Lobo solitario”, “No somos nosotros, es él”, “Expresión aislada“, “Movimiento Judío Clandestino de Uno Sólo“, son algunos de los titulares que adornarán la prensa prescrita. “Cómo puede un judío educado en el no matarás haber albergado pensamientos tan perversos”, se preguntará el Gran Rabino de Israel, rabino Meltzer.  Baruj Goldstein, el rabino Meír Cahana, y más tarde sus hijos, ya murieron. Habrá que consultar al rabino Baruj Marcel. a Daniela Weiss, a Gueulah Cohen, a Avigdor Líberman, ellos, y muchos otros, están entre nosotros.