domingo, 1 de noviembre de 2009

Animadversario

Las voces de los locutores de programas de radio cambian de color en cada aniversario del asesinato De Itzak Rabin. Se vuelven profundas, pulen gallos, renuncian a los agudos de registro extremo (evitan en lo posible expresiones de sorpresa), el tono general es medio a grave, con inflexiones aquí y allá con reminisencia de emoción, que se resuelven con solvencia técnica, más el refuerzo del repertorio de canciones que, con los años, han sido adheridas al evento, y conforman el corpus “Recordamos a Rabin”, del mismo modo que los días del recuerdo de la Shoah y de los caídos en las guerras de Israel han compilado el suyo.
Los retratos del asesinado primer ministro que se ofrecieron durante la jornada, incluídos los del primer ministro, tuvieron como rasgo preponderante la evocación de sus gestos más mínimos, como sonrisa tímida, mirada bondadosa, la emoción de su voz desafinada cantando “La canción de la paz”, minutos antes de que Yigal Amir le disparase dos veces. De su legado político, se destacó en este aniversario su convicción y sinceridad, “aunque no estemos de acuerdo, aunque Oslo haya sido una desgracia para Israel como lo ha demostrado la historia, aunque los palestinos hayan mostrado su verdadera cara,. y el terror… “
 
En una escuela de Arad, la que está enfrente de la cínica de la prestadora Macabi, un coro de alumnos dirigidos por su profesora de música, canta “La canciòn de la Paz”. Uno de los chicos, a un costado de las gradas, hace de Rabin y repite sus últimas palabras. En el coro, la niña que canta mejor, hace de Miri Aloni, la famosa cantante de la versión original, que estaba en el palco junto a Rabin, y le pasaba la letra, y que luego de la tragedia cayó en desgracia, dejaron de llamar y contratar, y se fue a Alemania, para regresar hace unos años, y comprobar que nada había cambiado. Cada viernes se instaló en la peatonal Najalat Binyamín de Tel-Aviv, en donde montó su show, a la gorra. La niña solista redondea su “la-lará-la-laalaaa”, final, entonces, la maestra da por finalizado el acto.

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