viernes, 5 de marzo de 2010

Nubes, viento, polvo, troncos

Nubes largas y angostas, algunas ya difuminadas, otras, con un extremo más decidido que el otro. En la tarde avanzada, previa a la caída del sol, aún mantienen sus trayectorias, más o menos oblicuas, expandidas a lo ancho, perdieron densidad. No alcanzan a tramar un tejido, aunque se cruzan en varios puntos, y no anuncian lluvia, al menos, no lluvia de agua. Al día siguiente, ya se evaporaron, pero, desde temprano, aunque el día sea radiante, comienzan a formarse de nuevo. Con sólo elevar la vista, se puede ver cómo van naciendo, una a una: un punto, un guión que se alarga en línea recta, con ligera inclinación desde el punto de partida, unos cinco grados, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, o derecha a izquierda, dependiendo del punto relativo de observación. En unos minutos la estela de humo ya se alcanzó en su máxima extensión, no menos de 45 grados, en cualquier dirección, según haya transcurrido su trayecto. En este punto,  ya están detenidas, flotando como nubes, haciendo como si, al tiempo que otras nacen, hacen el mismo proceso, así, durante horas, hasta que el sol comienza su caída. No porque haya sido bajado por esa lluvia de misiles, nada que ver, hay eventos de la naturaleza que aún mantienen su autonomía

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