viernes, 5 de marzo de 2010

Nubes, viento, polvo, troncos 4

Para el día del partido contra Nazaret Elit, los charcos, recuerdo del vendaval de la semana anterior, eran todavía notables. se jugaba un martes a las dos y media del mediodía, pero había bastante público, unos tres cuartos de la capacidad de la única bandeja de cemento colmada. La entrada era gratis, para alentar al Hapoel Arad, penúltimo en la tabla de la liga "Alef", la tercera categoría del fútbol israelí, una primera "C". Arad era, aquel día, un equipo al borde del descenso, pero este era un partido por la Copa del Estado, un campeonato paralelo en donde se enfrentan equipos de todas las divisiones. El rival, el Nazaret Elit, segundo en el campeonato de la Primera (liga Tahal), dio origen a una ilusión, muy difusa: de Arad saldría la Cenicienta del torneo. Pero el fútbol israelí es muy malo y, si bien los de Arad parecen dólmenes distribuídos en una cancha, los de Nazaret sólo diferían por una preparación física superior.

Llegué al estadio antes del comienzo del segundo tiempo, el encuentro estaba cero a cero. Junto al núcleo de veteranos de la ciudad, entre los cuales se destacaba un argentino gritón, se agolpaban beduinos en cantidad importante, judíos etíopes que cantaban "Adelante Arad" y, bien juntitos, dos gradas más abajo de donde yo me encontraba, muchachas y muchachos muy pulidos, que vestían uniforme sport, remera blanca con inscripciones en celeste, al igual que el pantalón, y sostenían globos con los mismos colores. Chicas y chicos sonrientes, no como reflejo de las acciones del partido, que ya había recomenzado sus torpezas, sino porque tal era su papel asignado, según me di cuenta, cuando hizo su entrada la candidata a intendentaTali Golobov, en campaña para las próxima elecciones de abril, cuyo programa se centra, en forma exclusiva, en sacar a flote, y explotar, el racismo en potencia de los aradíes. Su punto, su única idea, "para el bienestar de Arad" es expulsar, en forma escalonada, a cada uno de los africanos, tanto refugiados protegidos por la ACNUR, como los inmigrantes ilegales, pero que trabajan en las cocinas, y limpian los cuartos y baños, y hacen las camas, y pasan el trapo en los hoteles del Mar Muerto. Debo ser sincero: nadie le prestó atención, salvo los niños, que se disputaban los globos que ella iba repartiendo. Esto no quiere decir que aquellos representados en la tribuna sean personas más democrática, y que no piensen cada día en la forma de sacarse de encima a los negros, pero, quiero suponer, guardan cierta repulsa a mostrarse fascistas de modo franco. Pero su rechazo es, también, hacia los rusos, como Tali Golobov, a quienes consideran, antes que nada, usurpadores.

El juego seguía su curso, la hinchada cantaba "miljamá, milljamá, guerra, guerra", pero los atacantes de Arad se desmayaban de sólo intuir la proximidad del área. El propio público hacía burlas, como cuando un jugador del  Hapoel embocó un disparo en un arco suplementario que está justo al lado del verdadero, y gritó "gol".
Yo, que trataba de seguir las incidencias, pensaba al mismo tiempo en cómo acercarme a Tali y encararla.
El tiempo reglamentario finalizó con empate en cero, y como habría alargue, aproveché la oportunidad, y me coloqué a sus espaldas. Cuando notó mi presencia, interrumpió una conversación con las chicas y chicos de su comitiva, "esperen, que el señor quiere hablar conmigo". Me dedicó una sonrisa y se puso a la expectativa de lo que yo iría a hablar. Comencé así:
-
-Tali, cómo está.. Tan sólo quería decirle que tengo la esperanza...

Talimantuvo la sonrisa y asintió .

--... de que los ciudadanos de Arad no se vuelquen al racismo y al fascismo...

--Ajá...

--...y que. por lo tanto, usted no triunfe.

Congeló el gesto:

---Yo no soy racista.
--Disculpe, pero su campaña electoral es pura agitación xenófoba y racista. En la misma línea que su partido, Israel, nuestra casa.

--Yo no tengo nada que ver con ese partido.

--Pero usted se muestra en una fotografía con el vergonzante canciller Avigdor Liberman. Y anuncia que cuenta con el apoyo de cinco ministro del gobierno, todos pertenecientes a Israel, nuestra casa.

--¿Y qué tiene de malo que esos ministros me apoyen? Ellos piensan como yo, que hay que darle una solución al problema de los innmigtantes ilegales.

--Muchos son refugiados, y todos vienen huyendo de terribles tragedias.

--No es verdad. Yo investigué,  y le puedo asegurar que la mayoría viene de regiones en donde no hay genocidio.

--Vienen de África, de situaciones terribles.

---Ellos eligen venir a este país porque es el único de la región que tiene progreso económico, que cuenta con un sistema de salud...

--¿Y eso está mal? ¿Por eso los quiere echar?

--Yo pienso en el bien de mi ciudad. Yo quiero que mis hijos se sientan seguros a la noche. ¿Usted sabe que una chica fue atacada... ?

--Eso no es verdad. Echarle l a culpa a los extranjeros por las cagadas de las administraciiones locales...

--Hasta aquí: Ahora me tengo que ir; que le vaya bien.

Faltaban tres minutos para el final del segundo tiempo complementario y a seguían cero a cero. De pronto, tiran un corner, alguien la mete junto al palo izquierdo, y gol de Arad.  Aliento para los locales, que daban el batacazo. Corría descuento, habia festejo, y penal para Nazaret, que empata.
Fueron a los penales, y Arad perdió.

No hay comentarios:

Publicar un comentario