Caían desde helicópteros deslizándose sobre cuerdas.
Los recibía un equipo de manteada, que los derribaba para luego apalearlos.
Algunos eran cagados sin metáforas a palos.
Otros eran tirados por la borda-
"Pero nosotros creíamos que nos iba a recibir una manifestación, y en su lugar había un linchamiento."
Para reparar el error, sacaron las pistolas y entraron a disparar a quemarropa.
En el video oficial del ejército se muestra una de las armas blancas confiscadas, un cuchillo de pescar que acaban de sacar de su blister.
Más tarde declararon que había armas en el vientre del barco.
Condujeron a todos al puerto de Ashdod, a los heridos los distribuyeron entre varios hospitales.
Todavía nadie dice el nombre de los muertos, y su cifra exacta.
lunes, 31 de mayo de 2010
Demencia
Israel acaba de cometer su última obra de locura, el ejército paranoico, embarcado en buques misilísticos, helicópteros, maquinaria de mierda bélica, abordó, con fuego vivo, en aguas internacionales al barco turco Mavi Marmara, que transportaba màs de 700 cooperantes internacionales, parte de una flotilla internacional que transportaba ayuda para los habitantes de Gaza. Hay más diez muertos, asesinados por haber.... opuesto resistencia física contra los corsarios. A los lectores que están leyendo estas líneas: esto no es una novela, esto no es un texto para impresionar, no estoy escribiendo para que digan ustedes "oh, malditos, asesinos, criminales", se indignen y sigan sus vidas, y esperen nuevo capítulos, cargados de violencia, brutalidad, sangre, injusticia. Escribo para decirles que no se puede permanecer indiferente al crimen del bloqueo a Gaza, de la cual esta masacre es una continuación. Esta es una tragedia. El plomo fundido con que Israel destruyó Gaza el año pasado es tan sólo un fragmento de un crimen mayor que se viene perpetrando desde hace más de cuatro años, que es a su vez parte inalienable del crimen de la ocupación. Un crimen continuo contra una población indefensa, por más que se ufane de su Hamas, el millón y medio de palestinos esta inerme, a merced del ejército más poderoso del Medio Oriente. La matanza de hoy fue justificada con excusas del tipo "las organizaciones pacifistas y humanitarias están infiltradas por el terrorismo internacional": no es la junta militar de Videla, Masera y Agosti, es el gobierno de Israel. El mismo lenguaje, la misma falsificación de los hechos, la misma máquina de mentir y matar.
A quienes lean esto: no quedarse con la mera emoción, no quedarse en la mera manifestación. Dejar de colaborar con Israel en todos los niveles. Ciencia, comercio, universidad. No comprar productos israelíes, no comprar libros de sus autores, ni bajarlos de la internet, no escuchar su música.
A quienes lean esto: no quedarse con la mera emoción, no quedarse en la mera manifestación. Dejar de colaborar con Israel en todos los niveles. Ciencia, comercio, universidad. No comprar productos israelíes, no comprar libros de sus autores, ni bajarlos de la internet, no escuchar su música.
viernes, 2 de abril de 2010
Maldad
Ísrael bombardeó hoy en oleadas la franja de Gaza, alcanzando objetivos estratégicos como, por ejemplo, una fábrica de queso en Jan Yunes, que se incendió y, al desmoronarse paredes, cayeron ladrillos que hirieron a dos niños.
Ayer, la Fuerza Aérea Israelí lanzó desde el aire, miles de volantes mariposa, en donde se anunciaba, en àrabe, "mañana esperen la respuesta". Un niño con una flor en la mano ilustraban el mensaje.
La "respuesta", puede ser contra los petardos mejorados de los palestinos que en estos últimos días cayeron sobre Israel (hace algo más de una semana murió por la explosión de uno de estos un agricultor tailandés). O contra los resultados del incidente, en el cual una patrulla y dos tanques israelíes penetraron 500 metros en territorio de Gaza, forzaron un enfrentamiento con militantes del Hamas y, por error del destino, los defensores gazanos lograron matar a dos soldados del Tsahal, al tiempo que ellos mismos sufrían igual cantidad de bajas. Esta violación del "equilibrio de facto" y de la ley del más fuerte (prioridad de muerte para el palestino), irritó de tal manera a los ocupantes que la respuesta inmediata, horas más tarde, fue una incursión por la cual resultó muerto otro gazano, quebrándose de este modo el empate.
La respuesta de hoy, complementaria de la primera, con la excusa de un cohetardo, tiene un componente insoportable, que se suma a la, ya de por sí insoportable vida que de una población apiñada entre ruinas por donde esta semana se abrieron paso, por primera vez en tres años de bloqueo, seis contenedores con ropa y zapatos provenientes de Egipto: los volantes-mariposa, arrojados desde el aire, para infundir terror, punzar el insomnio, con la leyenda "Esperen mañana la respuesta", con el niño sosteniendo una flor. Ese acto sádico, malvado de maldad pura, transparente: esa amenaza de cobrarse víctimas en niños, que se concretó en los tres heridos durante los bombardeos, dos de ellos en la fábrica de queso. Que se suman a los dos asesinados la semana pasada en Cisjordania cuando arrojaban piedras a soldados que reprimían manifestaciones. No se puede soportar la maldad, concepto que no hay que eludir, a la hora de hablar y analizar sobre lo que aquí está pasando. Es una maldad terrible que se impida a las víctimas reconstruir sus casas. Es una maldad asquerosa que se prohíba el ingreso a Gaza de lápices de colores y libros. En ese caldo de cultivo se están formando grupos más radicales aún que el Hamas, con quien ya se han enfrentado, con resultado que incluye "mártires". Es pura maldad dejar encerrados a un millón y medio de seres humanos, sin recursos, a merced de la arbitrariedad y el usos discrecional del poder, a merced de la degradación de si mismos, de la inanición por brutalidad.
La coalición de partidos de ultraderecha que gobierna Israel, pegados entre sí con moco de maldad debe caer, pero nadie hace fuerza suficiente, ni desde adentro, ni desde afuera. El mundo, aunque aquí y allá alguien se agite indignado, o no quiere ver, o ya se acostumbró
Ayer, la Fuerza Aérea Israelí lanzó desde el aire, miles de volantes mariposa, en donde se anunciaba, en àrabe, "mañana esperen la respuesta". Un niño con una flor en la mano ilustraban el mensaje.
La "respuesta", puede ser contra los petardos mejorados de los palestinos que en estos últimos días cayeron sobre Israel (hace algo más de una semana murió por la explosión de uno de estos un agricultor tailandés). O contra los resultados del incidente, en el cual una patrulla y dos tanques israelíes penetraron 500 metros en territorio de Gaza, forzaron un enfrentamiento con militantes del Hamas y, por error del destino, los defensores gazanos lograron matar a dos soldados del Tsahal, al tiempo que ellos mismos sufrían igual cantidad de bajas. Esta violación del "equilibrio de facto" y de la ley del más fuerte (prioridad de muerte para el palestino), irritó de tal manera a los ocupantes que la respuesta inmediata, horas más tarde, fue una incursión por la cual resultó muerto otro gazano, quebrándose de este modo el empate.
La respuesta de hoy, complementaria de la primera, con la excusa de un cohetardo, tiene un componente insoportable, que se suma a la, ya de por sí insoportable vida que de una población apiñada entre ruinas por donde esta semana se abrieron paso, por primera vez en tres años de bloqueo, seis contenedores con ropa y zapatos provenientes de Egipto: los volantes-mariposa, arrojados desde el aire, para infundir terror, punzar el insomnio, con la leyenda "Esperen mañana la respuesta", con el niño sosteniendo una flor. Ese acto sádico, malvado de maldad pura, transparente: esa amenaza de cobrarse víctimas en niños, que se concretó en los tres heridos durante los bombardeos, dos de ellos en la fábrica de queso. Que se suman a los dos asesinados la semana pasada en Cisjordania cuando arrojaban piedras a soldados que reprimían manifestaciones. No se puede soportar la maldad, concepto que no hay que eludir, a la hora de hablar y analizar sobre lo que aquí está pasando. Es una maldad terrible que se impida a las víctimas reconstruir sus casas. Es una maldad asquerosa que se prohíba el ingreso a Gaza de lápices de colores y libros. En ese caldo de cultivo se están formando grupos más radicales aún que el Hamas, con quien ya se han enfrentado, con resultado que incluye "mártires". Es pura maldad dejar encerrados a un millón y medio de seres humanos, sin recursos, a merced de la arbitrariedad y el usos discrecional del poder, a merced de la degradación de si mismos, de la inanición por brutalidad.
La coalición de partidos de ultraderecha que gobierna Israel, pegados entre sí con moco de maldad debe caer, pero nadie hace fuerza suficiente, ni desde adentro, ni desde afuera. El mundo, aunque aquí y allá alguien se agite indignado, o no quiere ver, o ya se acostumbró
viernes, 5 de marzo de 2010
Nubes, viento, polvo, troncos 6
En la semana de lluvias, cielo cubierto, de nubes o de polvo, el calefón solar no funcionaba. Y el eléctrico entró en cortocircuito.
Llamamos al pizzero argentino de la Tokio para que nos recomiende un especialista que no nos robe, y nos dio dos nombres. Uno, un ruso, Moti. El otro. Salim, "es beduino, pero trabaja muy bien, y a lo mejor te cobra menos que Avi.
Había que comparar presupuestos, porque la propietaria de nuestro departamento se haría cargo del gasto, y llamamos primero a Salim. Era mediodía, prometió que llegaría a la una y media, pero a las y veinte, golpeó la puerta, y cuando yo concurría a abrir, Salim ya estaba adentro, y detrás él, un muchacho, su ayudante.
Le mostré en donde estaba el problema, que para mí era el interruptor, pero no, Salim comprobó su presunción: había que cambiar la instalación, en el tanque de agua, arriba, en la terraza. No es terraza, exactamente, sino el techo, al cual se accede por una claraboya.
Mientras revisaba, Salim me preguntò, en yiidish, si yo hablaba yidish. De chico, le dije, pero me olvidé. El, en cambio, lo hacía bastante bien y, un poco, me gozaba. Le hice ver que era argentino, y largó el latiguillo, "amigo, Buenos Aires". Me pidió mi número de celular, que fue anotando en el suyo. Cada tecla cantaba la cifra en hebreo, "este teléfono no sabe yidish", rio, y salieron hacia el techo, él y su ayudante. Al rato, me llamó desde allí, confirmó que había que cambiar todo, y m e pide 450 shékels, y si puede comenzar ya. Tengo que consultar a la dueña, le dije, y pedir otro presupuesto, para comparar. "Pero, si no lo hace ahora, tiene que pagarme 100 shékels". Comenzó una discusión; mi argumento era que ni plomeros ni electricistas cobran por presupuestar, y su réplica era "pero yo estoy subido al techo, ¿quién me paga eso?
"Dávid, Dávid, escúcheme... "
"No. Salim, no puede ser... "
"Pero, Dávid, oiga... "
"Dávid, Dávid... llame a la dueña"
Aflojè y acepté.
Salim quedò- que se comunicaba en media hora; mientras tanto, se iba a otra casa, a hacer otro arreglo.
A la media hora, llamó; la dueña estaba de acuerdo, le dije, siempre y cuando le hicieran rebaja y se incluya garantía por escrito. Cerramos por 350, sin factura, y entonces preguntè a que hora venía: "Estoy aquí, nunca me fui".
Me pidió que saliese, para mostrarme el aparato nuevo, antes de que comience a instalarlo. Salim, desde arriba, se enojaba con el muchacho, a lo mejor su hijo, y daba órdenes. Muy bien, dije, cuando me mostró el aparato rojo.
Llamaba cada cinco minutos, "no encienda el calefón", "habra la canilla de agua caliente".
Cuando estuvo listo, bajó, comprobó que todavía no salía agua, "ya se va a llenar el tanque".
Me preguntó en qué me ocupaba, cuánto pagaba por el alquiler.
Llegó Ana con el dinero, pagamos, y ya el agua salía caliente.
Finita la comedia, dijo.
Me preguntó si eso era castellano.
No, italiano, es parecido.
Firmó la garantía del otro lado de su tarjeta de visita:
--Ya está. Finita la comedia.
Llamamos al pizzero argentino de la Tokio para que nos recomiende un especialista que no nos robe, y nos dio dos nombres. Uno, un ruso, Moti. El otro. Salim, "es beduino, pero trabaja muy bien, y a lo mejor te cobra menos que Avi.
Había que comparar presupuestos, porque la propietaria de nuestro departamento se haría cargo del gasto, y llamamos primero a Salim. Era mediodía, prometió que llegaría a la una y media, pero a las y veinte, golpeó la puerta, y cuando yo concurría a abrir, Salim ya estaba adentro, y detrás él, un muchacho, su ayudante.
Le mostré en donde estaba el problema, que para mí era el interruptor, pero no, Salim comprobó su presunción: había que cambiar la instalación, en el tanque de agua, arriba, en la terraza. No es terraza, exactamente, sino el techo, al cual se accede por una claraboya.
Mientras revisaba, Salim me preguntò, en yiidish, si yo hablaba yidish. De chico, le dije, pero me olvidé. El, en cambio, lo hacía bastante bien y, un poco, me gozaba. Le hice ver que era argentino, y largó el latiguillo, "amigo, Buenos Aires". Me pidió mi número de celular, que fue anotando en el suyo. Cada tecla cantaba la cifra en hebreo, "este teléfono no sabe yidish", rio, y salieron hacia el techo, él y su ayudante. Al rato, me llamó desde allí, confirmó que había que cambiar todo, y m e pide 450 shékels, y si puede comenzar ya. Tengo que consultar a la dueña, le dije, y pedir otro presupuesto, para comparar. "Pero, si no lo hace ahora, tiene que pagarme 100 shékels". Comenzó una discusión; mi argumento era que ni plomeros ni electricistas cobran por presupuestar, y su réplica era "pero yo estoy subido al techo, ¿quién me paga eso?
"Dávid, Dávid, escúcheme... "
"No. Salim, no puede ser... "
"Pero, Dávid, oiga... "
"Dávid, Dávid... llame a la dueña"
Aflojè y acepté.
Salim quedò- que se comunicaba en media hora; mientras tanto, se iba a otra casa, a hacer otro arreglo.
A la media hora, llamó; la dueña estaba de acuerdo, le dije, siempre y cuando le hicieran rebaja y se incluya garantía por escrito. Cerramos por 350, sin factura, y entonces preguntè a que hora venía: "Estoy aquí, nunca me fui".
Me pidió que saliese, para mostrarme el aparato nuevo, antes de que comience a instalarlo. Salim, desde arriba, se enojaba con el muchacho, a lo mejor su hijo, y daba órdenes. Muy bien, dije, cuando me mostró el aparato rojo.
Llamaba cada cinco minutos, "no encienda el calefón", "habra la canilla de agua caliente".
Cuando estuvo listo, bajó, comprobó que todavía no salía agua, "ya se va a llenar el tanque".
Me preguntó en qué me ocupaba, cuánto pagaba por el alquiler.
Llegó Ana con el dinero, pagamos, y ya el agua salía caliente.
Finita la comedia, dijo.
Me preguntó si eso era castellano.
No, italiano, es parecido.
Firmó la garantía del otro lado de su tarjeta de visita:
--Ya está. Finita la comedia.
Nubes, viento, polvo, troncos 5
En la plazoleta que está frente a las paradas de colectivos urbanos (dos líneas, 2a y 2b) y para el Mar Muerto (línea 1), las de ómnibus para Beer-Sheva y Tel Aviv (la estación terminal está en construccion), además de la caseta de "Taxis Arad" (sucursal de la candidata Tali), se robaron los bancos. O los retiraron. Los removieron. Ahí acostumbraban a sentarse sudaneses y eritreos, adultos, jóvenes o niños, de acuerdo a la hora. Desde que comenzó la campaña civil para expulsarlos, en forma masiva o gradual, se corrieron de la plaza central, bajaron el perfil y se hicieron menos visibles. La plazoleta sobre la calle Yerushalaim era un sitio menos expuesto, con apenas tres bancos. Allí se juntaban, sentados unos, de pie, otros, para hablar, tomar cerveza, o comer algo. Algo íntimo; también Ana y yo nos sentábamos para descansar un rato, comer pan, tomar un yogur. Pero cuando lo hacíamos, los africanos no aparecían, por precaución, o timidez.
La plazoleta es, en realidad, un jardín, dispuesto entre un barrio de monobloques y un mini-centro comercial. Una ferretería, una peluquería, una florería. Cuando, de paso por ahí, comprobamos el hueco dejado por los bancos, "como si hubiesen sido arrancados de raíz tres árboles", según la expresión de Ana, lo encaramos al ferretero. El hombre, judío persa (de Aradán), que cubría la calva con una quipá tejida de los nacional-religiosos, interrumpió una charla, o una venta, que mantenía con una cliente. "Lo que pasa es que allí se reunían borrachos", explicó. "Africanos", le hicimos ver: "sí, claro", dijo, "a veces les ponía un poco de comida en el piso para que comiesen". Y festejó su ocurrencia con la muchacha rusa. En eso, pasaba un rapado y metió su bocado, "Arad se pudrió por culpa de los sudaneses". Y de la florería salió su dueña, indignada, "¿nos comparan a nosotros con los nazis?" Eso habíamos gritado al ferretero, y a su clienta, que vino y nos cerró la puerta.
La plazoleta es, en realidad, un jardín, dispuesto entre un barrio de monobloques y un mini-centro comercial. Una ferretería, una peluquería, una florería. Cuando, de paso por ahí, comprobamos el hueco dejado por los bancos, "como si hubiesen sido arrancados de raíz tres árboles", según la expresión de Ana, lo encaramos al ferretero. El hombre, judío persa (de Aradán), que cubría la calva con una quipá tejida de los nacional-religiosos, interrumpió una charla, o una venta, que mantenía con una cliente. "Lo que pasa es que allí se reunían borrachos", explicó. "Africanos", le hicimos ver: "sí, claro", dijo, "a veces les ponía un poco de comida en el piso para que comiesen". Y festejó su ocurrencia con la muchacha rusa. En eso, pasaba un rapado y metió su bocado, "Arad se pudrió por culpa de los sudaneses". Y de la florería salió su dueña, indignada, "¿nos comparan a nosotros con los nazis?" Eso habíamos gritado al ferretero, y a su clienta, que vino y nos cerró la puerta.
Nubes, viento, polvo, troncos 4
Para el día del partido contra Nazaret Elit, los charcos, recuerdo del vendaval de la semana anterior, eran todavía notables. se jugaba un martes a las dos y media del mediodía, pero había bastante público, unos tres cuartos de la capacidad de la única bandeja de cemento colmada. La entrada era gratis, para alentar al Hapoel Arad, penúltimo en la tabla de la liga "Alef", la tercera categoría del fútbol israelí, una primera "C". Arad era, aquel día, un equipo al borde del descenso, pero este era un partido por la Copa del Estado, un campeonato paralelo en donde se enfrentan equipos de todas las divisiones. El rival, el Nazaret Elit, segundo en el campeonato de la Primera (liga Tahal), dio origen a una ilusión, muy difusa: de Arad saldría la Cenicienta del torneo. Pero el fútbol israelí es muy malo y, si bien los de Arad parecen dólmenes distribuídos en una cancha, los de Nazaret sólo diferían por una preparación física superior.
Llegué al estadio antes del comienzo del segundo tiempo, el encuentro estaba cero a cero. Junto al núcleo de veteranos de la ciudad, entre los cuales se destacaba un argentino gritón, se agolpaban beduinos en cantidad importante, judíos etíopes que cantaban "Adelante Arad" y, bien juntitos, dos gradas más abajo de donde yo me encontraba, muchachas y muchachos muy pulidos, que vestían uniforme sport, remera blanca con inscripciones en celeste, al igual que el pantalón, y sostenían globos con los mismos colores. Chicas y chicos sonrientes, no como reflejo de las acciones del partido, que ya había recomenzado sus torpezas, sino porque tal era su papel asignado, según me di cuenta, cuando hizo su entrada la candidata a intendentaTali Golobov, en campaña para las próxima elecciones de abril, cuyo programa se centra, en forma exclusiva, en sacar a flote, y explotar, el racismo en potencia de los aradíes. Su punto, su única idea, "para el bienestar de Arad" es expulsar, en forma escalonada, a cada uno de los africanos, tanto refugiados protegidos por la ACNUR, como los inmigrantes ilegales, pero que trabajan en las cocinas, y limpian los cuartos y baños, y hacen las camas, y pasan el trapo en los hoteles del Mar Muerto. Debo ser sincero: nadie le prestó atención, salvo los niños, que se disputaban los globos que ella iba repartiendo. Esto no quiere decir que aquellos representados en la tribuna sean personas más democrática, y que no piensen cada día en la forma de sacarse de encima a los negros, pero, quiero suponer, guardan cierta repulsa a mostrarse fascistas de modo franco. Pero su rechazo es, también, hacia los rusos, como Tali Golobov, a quienes consideran, antes que nada, usurpadores.
El juego seguía su curso, la hinchada cantaba "miljamá, milljamá, guerra, guerra", pero los atacantes de Arad se desmayaban de sólo intuir la proximidad del área. El propio público hacía burlas, como cuando un jugador del Hapoel embocó un disparo en un arco suplementario que está justo al lado del verdadero, y gritó "gol".
Yo, que trataba de seguir las incidencias, pensaba al mismo tiempo en cómo acercarme a Tali y encararla.
El tiempo reglamentario finalizó con empate en cero, y como habría alargue, aproveché la oportunidad, y me coloqué a sus espaldas. Cuando notó mi presencia, interrumpió una conversación con las chicas y chicos de su comitiva, "esperen, que el señor quiere hablar conmigo". Me dedicó una sonrisa y se puso a la expectativa de lo que yo iría a hablar. Comencé así:
-
-Tali, cómo está.. Tan sólo quería decirle que tengo la esperanza...
Talimantuvo la sonrisa y asintió .
--... de que los ciudadanos de Arad no se vuelquen al racismo y al fascismo...
--Ajá...
--...y que. por lo tanto, usted no triunfe.
Congeló el gesto:
---Yo no soy racista.
--Disculpe, pero su campaña electoral es pura agitación xenófoba y racista. En la misma línea que su partido, Israel, nuestra casa.
--Yo no tengo nada que ver con ese partido.
--Pero usted se muestra en una fotografía con el vergonzante canciller Avigdor Liberman. Y anuncia que cuenta con el apoyo de cinco ministro del gobierno, todos pertenecientes a Israel, nuestra casa.
--¿Y qué tiene de malo que esos ministros me apoyen? Ellos piensan como yo, que hay que darle una solución al problema de los innmigtantes ilegales.
--Muchos son refugiados, y todos vienen huyendo de terribles tragedias.
--No es verdad. Yo investigué, y le puedo asegurar que la mayoría viene de regiones en donde no hay genocidio.
--Vienen de África, de situaciones terribles.
---Ellos eligen venir a este país porque es el único de la región que tiene progreso económico, que cuenta con un sistema de salud...
--¿Y eso está mal? ¿Por eso los quiere echar?
--Yo pienso en el bien de mi ciudad. Yo quiero que mis hijos se sientan seguros a la noche. ¿Usted sabe que una chica fue atacada... ?
--Eso no es verdad. Echarle l a culpa a los extranjeros por las cagadas de las administraciiones locales...
--Hasta aquí: Ahora me tengo que ir; que le vaya bien.
Faltaban tres minutos para el final del segundo tiempo complementario y a seguían cero a cero. De pronto, tiran un corner, alguien la mete junto al palo izquierdo, y gol de Arad. Aliento para los locales, que daban el batacazo. Corría descuento, habia festejo, y penal para Nazaret, que empata.
Fueron a los penales, y Arad perdió.
Llegué al estadio antes del comienzo del segundo tiempo, el encuentro estaba cero a cero. Junto al núcleo de veteranos de la ciudad, entre los cuales se destacaba un argentino gritón, se agolpaban beduinos en cantidad importante, judíos etíopes que cantaban "Adelante Arad" y, bien juntitos, dos gradas más abajo de donde yo me encontraba, muchachas y muchachos muy pulidos, que vestían uniforme sport, remera blanca con inscripciones en celeste, al igual que el pantalón, y sostenían globos con los mismos colores. Chicas y chicos sonrientes, no como reflejo de las acciones del partido, que ya había recomenzado sus torpezas, sino porque tal era su papel asignado, según me di cuenta, cuando hizo su entrada la candidata a intendentaTali Golobov, en campaña para las próxima elecciones de abril, cuyo programa se centra, en forma exclusiva, en sacar a flote, y explotar, el racismo en potencia de los aradíes. Su punto, su única idea, "para el bienestar de Arad" es expulsar, en forma escalonada, a cada uno de los africanos, tanto refugiados protegidos por la ACNUR, como los inmigrantes ilegales, pero que trabajan en las cocinas, y limpian los cuartos y baños, y hacen las camas, y pasan el trapo en los hoteles del Mar Muerto. Debo ser sincero: nadie le prestó atención, salvo los niños, que se disputaban los globos que ella iba repartiendo. Esto no quiere decir que aquellos representados en la tribuna sean personas más democrática, y que no piensen cada día en la forma de sacarse de encima a los negros, pero, quiero suponer, guardan cierta repulsa a mostrarse fascistas de modo franco. Pero su rechazo es, también, hacia los rusos, como Tali Golobov, a quienes consideran, antes que nada, usurpadores.
El juego seguía su curso, la hinchada cantaba "miljamá, milljamá, guerra, guerra", pero los atacantes de Arad se desmayaban de sólo intuir la proximidad del área. El propio público hacía burlas, como cuando un jugador del Hapoel embocó un disparo en un arco suplementario que está justo al lado del verdadero, y gritó "gol".
Yo, que trataba de seguir las incidencias, pensaba al mismo tiempo en cómo acercarme a Tali y encararla.
El tiempo reglamentario finalizó con empate en cero, y como habría alargue, aproveché la oportunidad, y me coloqué a sus espaldas. Cuando notó mi presencia, interrumpió una conversación con las chicas y chicos de su comitiva, "esperen, que el señor quiere hablar conmigo". Me dedicó una sonrisa y se puso a la expectativa de lo que yo iría a hablar. Comencé así:
-
-Tali, cómo está.. Tan sólo quería decirle que tengo la esperanza...
Talimantuvo la sonrisa y asintió .
--... de que los ciudadanos de Arad no se vuelquen al racismo y al fascismo...
--Ajá...
--...y que. por lo tanto, usted no triunfe.
Congeló el gesto:
---Yo no soy racista.
--Disculpe, pero su campaña electoral es pura agitación xenófoba y racista. En la misma línea que su partido, Israel, nuestra casa.
--Yo no tengo nada que ver con ese partido.
--Pero usted se muestra en una fotografía con el vergonzante canciller Avigdor Liberman. Y anuncia que cuenta con el apoyo de cinco ministro del gobierno, todos pertenecientes a Israel, nuestra casa.
--¿Y qué tiene de malo que esos ministros me apoyen? Ellos piensan como yo, que hay que darle una solución al problema de los innmigtantes ilegales.
--Muchos son refugiados, y todos vienen huyendo de terribles tragedias.
--No es verdad. Yo investigué, y le puedo asegurar que la mayoría viene de regiones en donde no hay genocidio.
--Vienen de África, de situaciones terribles.
---Ellos eligen venir a este país porque es el único de la región que tiene progreso económico, que cuenta con un sistema de salud...
--¿Y eso está mal? ¿Por eso los quiere echar?
--Yo pienso en el bien de mi ciudad. Yo quiero que mis hijos se sientan seguros a la noche. ¿Usted sabe que una chica fue atacada... ?
--Eso no es verdad. Echarle l a culpa a los extranjeros por las cagadas de las administraciiones locales...
--Hasta aquí: Ahora me tengo que ir; que le vaya bien.
Faltaban tres minutos para el final del segundo tiempo complementario y a seguían cero a cero. De pronto, tiran un corner, alguien la mete junto al palo izquierdo, y gol de Arad. Aliento para los locales, que daban el batacazo. Corría descuento, habia festejo, y penal para Nazaret, que empata.
Fueron a los penales, y Arad perdió.
Nubes, viento, polvo, troncos 3
En dos o tres oportunidades cada año, todas en invierno, cae en Arad lluvia de verdad. Va acompañada de fuertes vientos, que dan comienzo antes de la tormenta, truenos, relámpagos, y polvo de Africa.
El estadio municipal de fútbol, que cuenta con una sola tribuna de cemento, queda entonces anegado a la altura del portón principal, sobre la avenida Yehuda, esquina Hapalmaj. Enfrente, está la Sinagoga Principal, en donde dos facciones, Jabad Lubavitch y los jasidim de Gur, disputan por su control. Cada uno es un usurpador a los ojos del otro, y cada sábado, al salir la primera estrella, se agarran a piñas y patadas, trifulcas de primer orden que terminan con heridos y detenidos. Todo (arrestos, primeros auxilios, demandas) se resuelve en pocos metros cuadrados: el Departamento de Policía, se encuentra enfrente, en diagonal, sobre Yehuda, entre Hapalmaj y Yerushalaim; detrás, de espaldas a la cana, se encuentra la estación de la Estrella Roja de David, con sus ambulancias que llevan el rótulo de Red Maguen David, donadas, cada una, por familias de Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña, cuyos nombres constan en cada vehículo. Divididos por un playón, la Sala de Emergencias y la Municipalidad.
Cruzando la calle Hapalmaj, el Estadio Municipal.
A veces, cuando ya es de noche, un jasidista de Gur, se aposta junto a la verja, medio escondido entre unos pinos, y espía a los futbolistas cuando entrenan.
El estadio municipal de fútbol, que cuenta con una sola tribuna de cemento, queda entonces anegado a la altura del portón principal, sobre la avenida Yehuda, esquina Hapalmaj. Enfrente, está la Sinagoga Principal, en donde dos facciones, Jabad Lubavitch y los jasidim de Gur, disputan por su control. Cada uno es un usurpador a los ojos del otro, y cada sábado, al salir la primera estrella, se agarran a piñas y patadas, trifulcas de primer orden que terminan con heridos y detenidos. Todo (arrestos, primeros auxilios, demandas) se resuelve en pocos metros cuadrados: el Departamento de Policía, se encuentra enfrente, en diagonal, sobre Yehuda, entre Hapalmaj y Yerushalaim; detrás, de espaldas a la cana, se encuentra la estación de la Estrella Roja de David, con sus ambulancias que llevan el rótulo de Red Maguen David, donadas, cada una, por familias de Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña, cuyos nombres constan en cada vehículo. Divididos por un playón, la Sala de Emergencias y la Municipalidad.
Cruzando la calle Hapalmaj, el Estadio Municipal.
A veces, cuando ya es de noche, un jasidista de Gur, se aposta junto a la verja, medio escondido entre unos pinos, y espía a los futbolistas cuando entrenan.
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