viernes, 29 de enero de 2010

En Arad, sudan y se quiebran

En Arad, el discurso de la muralla de Netaniahu, fue escuchado y anotado en forma especial, porque el premier da tres ejemplos de ciudades perjudicadas por la masa de trabajadores extranjeros e ilegales que usurpan las fuentes de trabajo de los israelíes: Arad, Eilat y Tel-Aviv. Una nota a doble página de la revista local Hatzví saca pecho y, bajo el título, "La relación entre los infiltrados (sudaneses y eritreos) y la economía israelí", grita en  subtítulo, "!Establecer 450 puestos de trabajo para los habitantes de Arad". Puestos de trabajo (camareros, personal de limpieza, personal de cocina) que están en manos de sudaneses y eritreos, y  que los aradanos puros nunca ocuparán. Porque, en el fondo, los consideran trabajos de mierda, y por el otro, porque la comisión parlamentaria de presupuesto derogó la disposición que prohibe el empleo de inmigrantes ilegales por medio de contratistas de Arada y Mar Muerto.
Ahora Arad está en la lona, no sólo porque su Amalec interno amenaza quedarse para siempre, sino porque la misma comosión redujo los fondos de asistencia para la ciudad, y de todas las ciudades en desarrillo,  en un 33 por ciento. Hace unos días comenzó a salir humo desde un edificio de un barrio de inmigrantes. Vienieron, no sólo los bomberos voluntarios de Arad, sino una unidad de los  bomberos de Beer-Sheva. Un huimo espeso, que salía de alguna parte, pero no se detectaba de dónde. Hasta que alguien señaló una puerta de un departamento, y la tiraron abajo. Adentro, un grupo de sudaneses se reunían alrededor de carbón encendido en incienso.

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