viernes, 25 de diciembre de 2009

Cuento corto y premios

El rabino, un jasid de Jabad Lubávitch, enciende las velas de Jánuca, y canta la oración que exalta los milagros de aquellos días.
Amén, amén, amén, responden los presentes.
Desde las butacas de atrás, se insinúa un cántico que enseguida se extiende a todo el público, y que culmina con devoción. Parece una iglesia evangelista.
Es un acto que comienza con la entrega de los premios a los ganadores del concurso "Cuento local", de cuentos cortos, que organizaó la municipalidad de Arad.

El tercer premio es un hombre que nada en un mar  bravo, trata de llegar a la orilla, pero se ahoga. La jurado encargada de entregarle el cheque para comprar libros, lee de un papelito un texto en donde interpreta el cuento, y llega a la conclusión de que el hombre se salva, parece que alguien había en la orilla..

En el segundo premio, una mujer se despide de este mundo, con el recurso de tomarse una nave espacial que la llevará a algún sitio que no precisa. En carta a un "querido mío", da cuenta de las injusticias, del rumbo equivocado del planeta, de la contaminación de la atmósfera. El jurado de turno, entrega el cheque a la madre de la autora, y lee de su cartoncito un elogio a la imaginación de la autora.

El ganador del concurso concibió a un policía que se enfrenta a olores subjetivos o abstractos.. El texto gira en torno a la percepción, el policía ya conoce los oloes de la muerte, del miedo, del silencio, pero es la primera vez que se enfrenta con el de la locura. Tiene que detener a un hombre que se volvió loco, conducirlo a un hospital, para concluir al final que no es delito ser loco. Le entregan su premio, orden de compra por mil shékels para comprar libros en Steimatsky. La presidente del jurado lee su interpretación, el policía tenía muchos compañeros que lo comprendían y apoyaban, y de este modo, la voz narradora pudo superar esta situación traumática.

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