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domingo, 11 de octubre de 2009

Camuflaje 4

Sin embargo, quien ganó un Nóbel fue Ada Yonath: investigadora del Instituto Weizman (Rejovot) le otorgaron el de química por sus investigaciones que derivaron en el descubrimiento de cómo los ribosomas generan las proteínas. El premio lo compartió con un inglés y un norteamericano quienes investigaron en la misma dirección. Israel se llenó de orgullo, y así lo expresó la dirigencia política y la prensa. En primer ministro, el presidente, los diputados, los periodistas de la Autoridad de Radiodifusión en sus diferentes cadenas. En cada conversación con la laureada era manifiesta la intensión del locutor o del político de que, en un momento, Ada Yonath expresase su orgullo, u emoción, por haber recaído el premio en Israel. Yonath, o no decía, o hacía silencio. Hasta que ayer, en una entrevista con la Galei Tsahal, la radio del ejército, la científica que descubrió la química “de uno de los procesos elementales de la vida”, declaró lo siguiente: hay que liberar todos los presos palestinos detenidos en cárceles israelíes. Yo no entiendo por qué estas personas están detenidos aquí. Esta situación alimenta la desesperación y el resentimiento .de los palestinos. Liberarlos a todos, incluso sin pedir en retribución la liberación del soldado Shelit.
De un día para el otro, el nombre de Ada Yonath no suena en los medios públicos de difusión. En los comentarios de los lectores de Haaretz en hebreo, lo más suave que le dicen es que no entiende nada, o que ganar un Nóbel no garantiza que una persona sea inteligente. En otros casos, como en el tándem fascista integrado por el blog “Palestina no existe” y el sitio web “Patria Judía”, subidas a la internet por argentinos que viven en Israel, le dice descerebrada.
Es muy probable que Amos Oz la admire, a lo mejor la llama por teléfono. La va a felicitar, le hará un chiste, cualquierj cosa es posible: el humor es una de las cualidades de su estilo. Mientras a ella le gastará alguna broma amable, en forma simultánea el se dirigirá otra a sí mismo, que comienza así “tanto cuidarme, en edad de merecer… “

sábado, 10 de octubre de 2009

Camuflaje 3

Amos Oz,, maníaco de la limpieza y del orden, organiza sus esquemas en vista del año Nóbel que dio comienzo en Estocolmo hace un par de días. El co-fundador del movimiento Paz Ya, sale todos los días, a las siete de la mañana, a dar su paseo por el desierto, habitual, ya lo contó varias veces, lo han visto incluso algunos representantes del ecosistema del desierto de Judá, (zorros, erizos, halcones, piedras), y no hay motivos para dudar de que así sea. Desde que vive en Arad, más de treinta años, forma parte de su ritual antes de ponerse escribir. Todos los años, día por día (salvo que se encuentre en Beer-Sheva, dictando clase en la universidad Ben-Gurión, o de viaje, en el exterior, dando conferencias, o recibiendo algún premio), hace lo mismo, lleva esa rutina. Al mismo tiempo, cada año suma edad y, mientras que cuando decidió mudarse a Arad era un adulto joven, hoy ya tiene 70 años (hubo una semana de festejos), edad de merecer el Nóbel de literatura, tal como reflejaron las apuestas durante la última entrega. Para afilarse, para perfilarse, en forma paralela a su ocupación central, que es escribir, a lo largo de este período fue perfeccionando su “equidistancia crítica“, toda vez que le consultan, o le piden declaraciones, acerca de alguna situación o hecho embarazos para el Estado de Israel. En el terreno de la ficción, de su trabajo en ficción, Oz, que en hebreo significa “atrevido, osado”, tampoco corre demasiados riesgos: un poco de picor, alguna aguja limpia, que no llega a irritar, mucho menos inflamar. No es el único escritor, no es el único artista “de izquierda” en Israel que vive así, pero es quien más está en edad de merecer.